Por H∴ Greg Esposito
Hope Lodge No. 25 y Logia Libertad No. 50
Traducido de https://rimasons.org/freemasonry-community-rhode-island/masonic-news/59-the-anchor/413-the-regius-manuscript

Si pudiera poner un solo pergamino en las manos de cada Masón recién iniciado —uno que ofrezca no sólo los cimientos de nuestra Orden, sino también su alma—, les entregaría el Manuscrito Regius.
Escrito alrededor de 1390, este texto poético es el documento Masónico más antiguo que se conoce. Es anterior a la Masonería especulativa, a nuestro sistema de grados, a nuestros tableros de trazado e incluso a las herramientas de trabajo que conocemos hoy. Y, sin embargo, sus palabras respiran con la misma claridad moral y verdad fraternal que todavía recitamos en nuestros rituales y mantenemos en nuestra conducta. Aunque fue compuesto para Masones operativos — constructores pica piedreros, no de símbolos—, es un espejo que se sostiene ante nuestra moderna Masonería especulativa.
El manuscrito no comienza introduciendo planos arquitectónicos, sino con un mito: una leyenda de cómo la Geometría, tal como la enseñó Euclides en Egipto, se convirtió en el fundamento de la Masonería. Cuenta cómo este arte divino fue llevado por el Rey Athelstan a Inglaterra, donde los Masones se reunieron en asamblea para formar un código de ética. Aunque ya no tomamos las afirmaciones históricas literalmente, la leyenda nos ofrece algo más valioso: identidad. Somos los descendientes espirituales de constructores, eruditos y reyes, unidos no por la sangre, sino por ideales compartidos.

Y esos ideales están claramente expuestos. El Regius presenta una serie de Quince Artículos y Quince Puntos —reglas de conducta que siguen siendo tan válidas hoy como entonces. Amar a Dios. Ser leal a la autoridad civil. Ser honesto en el trabajo. No calumniar a los hermanos. No aceptar sobornos. Mantener la palabra. Tratar a todos como iguales. Si esto suena familiar, es porque están grabados en nuestras obligaciones, nuestras enseñanzas y nuestra práctica diaria como Masones.
Algunas reglas son sorprendentes por su especificidad. Un Masón no debe seducir a la esposa de su hermano. Debe obedecer las regulaciones legales. Nunca debe hablar mal de un compañero artesano. Incluso hay una instrucción para no llamar a nadie «sirviente» o «esclavo» —un principio que resuena en nuestro compromiso de reunirnos «sobre el nivel». Estas no son pintorescas costumbres medievales. sino planos para una vida íntegra.
Además, la influencia del manuscrito no se detuvo en el siglo XIV. Cuando James Anderson compiló sus Constituciones en 1723, se basó directamente en estas antiguas reglas. Y cuando Benjamin Franklin las publicó en Filadelfia en 1734, el ADN moral del Regius pasó directamente a la Francmasonería estadounidense. Incluso hoy, cuando instalamos oficiales o recitamos los deberes de un Masón, estamos repitiendo valores establecidos por primera vez en ese antiguo poema.
El Manuscrito Regius puede tener más de 600 años, pero nos sigue hablando. No con el polvo del pasado, sino con la claridad de la conciencia. Nos recuerda que nuestra Orden no es meramente un sistema de ritual —es un camino moral. Una hermandad construida sobre la igualdad, el deber y la integridad.


Así que, cuando abrimos nuestras reuniones y nos llamamos unos a otros «Hermano», en verdad estamos continuando la canción cantada por primera vez en verso hace tantos siglos. La voz que nos moldeó aún resuena, si tenemos oídos para escuchar.
Para aquellos que deseen ver la versión electrónica del Manuscrito, consulten http://www.freemasonry.bcy.ca/texts/regius.html
Bibliografía Seleccionada
- de Vries, Harry G. The Regius Manuscript: A New Critical Edition. Londres: Quatuor Coronati Lodge, 2022.
- Knoop, Douglas, y G. P. Jones. The Genesis of Freemasonry. Manchester: Manchester University Press, 1947.
- Stevenson, David. The Origins of Freemasonry: Scotland’s Century, 1590–1710. Cambridge: Cambridge University Press, 1988.
- Anderson, James. The Constitutions of the Free-Masons. Londres: 1723.
