Por Q.·.H.·. Greg Esposito (Hope Lodge No. 25 y Logia Libertad No. 50)

Parte de esta vida me enseñó a mantenerme en pie—
bajo su viento crudo,
donde las palabras eran afiladas
y el silencio, más afilado aún.
Parte de esto lo aprendí hincado,
con una rodilla desgastada por la oración,
ante Dios,
ante mis Hermanos,
ante ese lugar sereno
donde a un hombre se le revela quién es.
Por eso, escúchenme claramente:
Caminaré con el cuerpo erguido,
mirando al frente—
cuando la injusticia muestre sus dientes
y el prejuicio se revele audazmente.
No me desviaré,
ni suavizaré la perpendicular de mi espalda
para dar comfort a la crueldad ajena.
Extenderé una presencia justa—
a cada hijo,
a cada hija
de lo Divino—
sin importar la vestidura que porten,
ni el rango que reclamen
o que les sea negado.
Porque he estado entre hombres
que me enseñaron esto:
que el valor de un alma
no se mide en monedas,
ni en color,
ni en títulos,
sino en la luz que emana
y en el trabajo que se atreve a realizar.
Y yo—
yo escucharé.
Cuando mis propios errores sean expuestos ante mí,
no me endureceré.
No huiré.
Seré el oído atento
a mi propia corrección,
porque el hombre que no se examina
construye muros torcidos
y los llama verdad.
Solo miraré hacia abajo a otro
con un único propósito—
de ofrecerle mi mano,
firme y sin vergüenza,
para que pueda levantarse
y, juntos,
ser más íntegros.
Y siempre—
siempre—
Actuaré bajo la Escuadra,
me encontraré en el Nivel,
y caminaré en la Rectitud de la Vida.
No con palabras recitadas
dentro de muros cerrados,
sino con aliento vívido—
en la calle,
en el mercado,
en la elección silenciosa
cuando nadie mira.
Porque esta obra no termina
a las puertas del Templo.
Sino allí es donde comienza.
