Por Q:.H:. Ramiro Garduño
El cierre de un ciclo suele causar una sensación de tristeza y melancolía. Tal vez por esa cualidad humana de mirar hacia atrás y juzgarse, a veces muy severamente, por las circunstancias del presente siglo de la hipervelocidad: una competencia desenfrenada que exige cada vez más energía, como si ya hubiésemos alcanzado el desarrollo de repuestos para nuestros cuerpos repletos de calorías para alimentar un cerebro que recibe más y más estímulos.
Afortunadamente los seres humanos también tenemos esa otra gran cualidad: la de mirar hacia el futuro con esperanza. La esperanza de que ahora sí se pondrán en acción ciertos objetivos y se cumplirán compromisos, mientras nos sumergimos nuevamente en el ajetreo de esta vida moderna que, como hemos dicho, es hiperestimulada.
El cierre de un ciclo representa reflexión, esa otra gran cualidad humana que nos permite darnos un espacio para analizar de la forma más objetiva el lugar en el que nos encontramos, entendiendo de dónde venimos para comprender hacia dónde vamos. Un alto en el tiempo y en el ajetreo diario para valorar lo que ya somos.
El tiempo, esa convención que nos presiona porque parece tan corto cuando se acumulan deseos y tan largo cuando le ponemos un alto a los estímulos. Ese tiempo que es tan democrático como la muerte; ese que atrapa nuestra mente y nos aleja del presente.
Queridos Hermanos, con diciembre llega en el simbolismo masónico un momento cumbre para los iniciados en el Arte Real. Llega el momento de descender a nuestro interior, tal como hace el sol en el solsticio de invierno, dándonos la oportunidad de extrañar la fuerza de su calor y sus rayos, aquellos que en primavera permiten tener de nuevo aves cantando, nuevas flores y la vida de vuelta, despertando la esperanza de que esta vez dure más o que lo aprovechemos mejor.
Así como San Juan Evangelista anuncia la luz en las tinieblas y San Juan Bautista anuncia la llegada de la luz primigenia, que cada uno de nosotros, igual que Isis, cumpla su cometido integrando los restos dispersos del cuerpo de Osiris, y que Horus a su vez nos devuelva la vida y la luz.
Desde Logia Libertad No. 50, bajo la jurisdicción de la Gran Logia de Rhode Island, les enviamos luz y esperanza.
