El Amor Fraternal en Masonería

Por Q∴H∴ Ramiro Garduno Romero

La tradición masónica angloamericana reconoce como fundamento de la conducta del iniciado el amor fraternal y constituye el primero de los tres principios: Amor Fraternal, Socorro y Verdad. Thomas Smith Webb, autor del primer monitor masónico de autoría estadounidense y figura de la Masonería en Providence, Rhode Island, fijó esta formulación para las logias americanas en su Freemason’s Monitor (1797).[1]

La Constitución de Anderson define la función institucional de ese principio. En su primer Cargo, describe a la Masonería como “centro de unión y medio de conciliar la amistad verdadera entre personas que habrían permanecido a distancia perpetua”.[2] El amor fraternal opera como deber recíproco que vincula a individuos separados por origen, credo o condición, y sostiene la cohesión del cuerpo social.

Este deber lo ejerce el masón particularmente a través del socorro al hermano en necesidad, la tolerancia entre convicciones distintas y la moderación en el trato. La eficacia del principio reside en su ejercicio continuo.

En Masonería se representa mediante la cuchara de albañil, llana o trulla (trowel), herramienta utilizada de forma operativa para aplicar, extender y retirar los excesos del cemento que une las piedras de una edificación y simbólicamente para esparcir “el cemento del amor fraternal y del afecto”, que congrega a los miembros del cuerpo en una sola estructura.[3] Se atribuye al maestro masón porque se requiere cierto dominio de sí mismo y ser conscientes sobre el carácter voluntario del vínculo fraterno.

Dos construcciones literarias del siglo XX describen órdenes sociales que suprimen esa voluntad. Un Mundo Feliz de Aldous Huxley organiza la estabilidad mediante el condicionamiento y el placer administrado, y disuelve el vínculo fraterno en una sociabilidad uniforme. En 1984 de George Orwell, el orden impone la cohesión mediante la vigilancia y el temor, y reemplaza la confianza por la delación. Ambos modelos establecen la concordia por determinación externa.[4]

En Masonería la libertad constituye la condición del amor fraternal, que se asume por elección propia. Esa vía permanece inacabada e incorpora la incertidumbre como componente constitutivo. La capacidad de elegir el vínculo, con el riesgo inherente a la elección, define al ser humano. La Masonería expresa este principio en su fórmula: el hermano es libre y aceptado, y contrae la obligación fraterna por su propia voluntad.

La Gran Logia de Rhode Island conserva esta tradición. Quienes deseen conocer el ejercicio de estos principios pueden acercarse a los trabajos de la Logia Libertad No. 50, donde el amor fraternal se practica como deber cotidiano.


[1]Thomas Smith Webb, The Freemason’s Monitor; or, Illustrations of Masonry, publicado originalmente en 1797 (Albany, N.Y.: Spencer and Webb); edición digitalizada en Internet Archive, https://archive.org/stream/freemasonsmonito00webb/freemasonsmonito00webb_djvu.txt.

[2]James Anderson, “The Charges of a Free-Mason,” I, en The Constitutions of the Free-Masons (Londres, 1723), Internet Archive, https://archive.org/details/the-constitutions-of-the-free-masons-1723. Traducción del autor.

[3]Webb, The Freemason’s Monitor, “The Working Tools of a Master Mason.” Traducción del autor.

[4]Aldous Huxley, Brave New World (Londres: Chatto and Windus, 1932); George Orwell, Nineteen Eighty-Four (Londres: Secker and Warburg, 1949).